SINTOMATOLOGÍA
DEL ALCOHOLISMO
Los criterios diagnósticos señalados por el DSM-IV-TR para la dependencia de sustancias –el alcohol es una de ellas– son los siguientes:
Un patrón desadaptativo de consumo de la sustancia que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos, expresado por tres –o más– de los ítems siguientes en algún momento de un periodo continuado de 12 meses:
1) tolerancia definida por cualquiera de los siguientes ítems:
a) una necesidad de cantidades marcadamente crecientes de la sustancia para conseguir la intoxicación o el efecto deseado
b) el efecto de las mismas cantidades de sustancia disminuye claramente con su consumo continuado
2) abstinencia, definida por cualquiera de los siguientes ítems:
a) el síndrome de abstinencia característico para la sustancia
b) se toma la misma sustancia –o una muy parecida– para aliviar o evitar los síntomas de abstinencia
3) la sustancia es tomada con frecuencia en cantidades mayores o durante un periodo más largo de lo que inicialmente se pretendía
4) existe un deseo persistente o esfuerzos infructuosos de controlar o interrumpir el consumo de la sustancia
5) se emplea mucho tiempo en actividades relacionadas con la obtención de la sustancia –por ejemplo, visitas a varios médicos o desplazarse largas distancias–, en el consumo de la sustancia –p. ej., fumar un pitillo tras otro– o en la recuperación de los efectos de la sustancia
6) reducción de importantes actividades sociales, laborales o recreativas debido al consumo de la sustancia
7) se continúa tomando la sustancia a pesar de tener conciencia de problemas psicológicos o físicos recidivantes o persistentes, que parecen causados o exacerbados por el consumo de la sustancia –p. ej., consumo de la cocaína a pesar de saber que provoca depresión, o continuada ingesta de alcohol a pesar de que empeora una úlcera–.
Para el abuso de sustancias –se considera el alcohol una de ellas– aparecen los siguientes criterios diagnósticos:
A. Un patrón desadaptativo de consumo de sustancias que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos, expresado por uno –o más– de los siguientes ítems durante un periodo de 12 meses:
1) consumo recurrente de sustancias, que da lugar al incumplimiento de obligaciones en el trabajo, la escuela o en casa –p. ej., ausencias repetidas o rendimiento pobre relacionados con el consumo de sustancias; ausencias o suspensiones o expulsiones de la escuela relacionados con la sustancia; descuido de los niños o de las obligaciones de la casa–
2) consumo recurrente de la sustancia en situaciones en las que hacerlo es físicamente peligroso –p. ej., conducir en automóvil o accionar una máquina bajo los efectos de la sustancia–
3) problemas legales repetidos relacionados con la sustancia –p. ej., arrestos por comportamiento escandaloso debido a la sustancia–
4) consumo continuado de la sustancia, a pesar de tener problemas sociales continuos o recurrentes o problemas interpersonales causados o exacerbados por los efectos de la sustancia –p. ej., discusiones con la esposa acerca de las consecuencias de la intoxicación o violencia física–
B. Los síntomas no han cumplido nunca los criterios para la dependencia de sustancias de esta clase de sustancias de esta clase de sustancia.
El diagnóstico de intoxicación por alcohol implica los siguientes criterios diagnósticos:
A. Ingestión reciente de alcohol
B. Cambios psicológicos de comportamiento desadaptativos clínicamente –sexualidad inapropiada, comportamiento agresivo, labilidad emocional, deterioro de la capacidad de juicio y deterioro de la actividad laboral o social– que se presentan durante la intoxicación o pocos minutos después de la ingesta de alcohol.
C. Uno o más de los siguientes síntomas que aparecen durante o poco tiempo después del consumo de alcohol: 1) lenguaje farfullante, 2) incoordinación, 3) marcha inestable, 4) nistagmo, 5) deterioro de la atención o de la memoria, 6) estupor o coma.
D. Los síntomas no se deben a enfermedad médica ni se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental.
En cuanto a etiología de los trastornos relacionados con el alcohol aparecen los siguientes factores: padre o madre con alcoholismo, alto número de afectados de alcoholismo en la familia, relaciones genéticas muy próximas con un alcohólico, alto grado de alcoholismo de éste, conflicto en las relaciones interpersonales, depresión, baja autoestima, facilidad para conseguir el alcohol, relativo bajo precio del alcohol, aceptación social del consumo de alcohol, estilos de vida estresante, presión de los compañeros –sobre todo adolescentes y estudiantes universitarios–, hábito de bebida de padres, amigos y personas admiradas, escolaridad no culminada, falta de empleo, bajo estatus socioeconómico, dependencia física –sensación producida por el hecho de tomar de manera regular y consistente durante un transcurso de tiempo alcohol con el fin de suprimir el síndrome de abstinencia–, propiedades fármaco-dinámicas características del alcohol, evasión –utilizar la bebida como un medio para excluir de la mente problemas desagradables en vez de hacerles frente–, soledad o pocas amistades, mudanzas frecuentes, no tener raíces, separación de los seres queridos, miedo, inseguridad o timidez, falta de control emocional, culpabilidad, delincuencia, problemas económicos, maltrato físico, expectativas positivas sobre el efecto del alcohol sobre estado de ánimo y comportamiento, experiencias personales adquiridas por el alcohol y estrés, falso atractivo de entrar en el mundo de los adultos aun con pautas de niñez, creencia en que no hay verdadera diversión sin alcohol de por medio, vulnerabilidad biológica –tolerancia gastrointestinal del alcohol–, vulnerabilidad psicológica –extraversión, búsqueda de estimulación, trastorno antisocial de la personalidad–, reforzadores positivos de la bebida excesiva como son su sabor agradable, euforia y autoafirmación social, reforzadores negativos del alcoholismo como son evitación del aburrimiento, evitación de la ansiedad, evitación del malestar del dolor, evitación del síndrome de abstinencia, afrontamiento del enfado, efectos recompensantes de la conducta de beber inmediatos y consecuencias negativas demoradas.
Aunque no está incluida específicamente en los criterios diagnósticos de la dependencia de alcohol, la «necesidad irresistible de consumo» o craving se observa en la mayoría de los pacientes con dicha dependencia. La dependencia de alcohol se diferencia del abuso de alcohol en que existe craving, pérdida de control sobre la bebida y dependencia física. En muchos sujetos el abuso de alcohol evoluciona hacia una dependencia de alcohol. Una vez realizado el diagnóstico de dependencia de alcohol no se puede realizar el diagnóstico de abuso de alcohol. El curso de la dependencia de alcohol es crónico y variable –periodos de agudización y remisión–. Muchos sujetos infraestiman su vulnerabilidad al desarrollo de un patrón de dependencia. Actualmente no se considera el alcoholismo como una parte de la alimentación, una costumbre social, o vicio, sino como una adicción o enfermedad. La tasa de alcoholemia –gramos de alcohol en sangre por cada mil centímetros cúbicos de sangre– depende especialmente de la cantidad de alcohol consumida, de la presencia de alimentos en el estómago, del sexo y peso de la persona y de la distancia temporal desde la última ingesta. Los cambios físicos de la vejez producen un aumento de la susceptibilidad cerebral a los efectos depresores del alcohol. Con la misma cantidad de alcohol ingerida por kg. de peso las mujeres tienden a presentar concentraciones de alcohol en la sangre más altas que los hombres. En cuanto a la prevalencia del alcoholismo en España, del 7 al 10% de la población adulta consume más de 60 gr./día de alcohol puro, lo que supone la existencia de 3.400.000 grandes bebedores. De ellos, alrededor de un 5%, o lo que es lo mismo 1.500.000, tienen dependencia al alcohol, con una proporción hombre/mujer de 4/1. En gente joven, la proporción hombre/mujer es de 2/1. Los mayores porcentajes de bebedores corresponden a varones jóvenes, entre 18 y 35 años, pero tienden a aumentar en las chicas jóvenes –16-24 años–.
Los trastornos relacionados con el alcohol están asociados con gastritis, úlceras de estómago o duodeno, cirrosis hepática, pancreatitis, cáncer de esófago, estómago y de otras partes del tubo digestivo, hipertensión moderada, mayor riesgo de cardiopatía, neuropatía periférica, miopatía, traumatismos, avitaminosis, malnutrición, dispepsia, nauseas, hinchazón, varices esofágicas, hemorroides, temblor, marcha inestable, insomnio, disfunción de la erección, irregularidades menstruales, abortos espontáneos durante el embarazo, síndrome alcohólico fetal, déficits cognitivos, deterioro grave de la memoria, cambios degenerativos en el cerebelo, trastornos del estado de ánimo, trastornos de ansiedad, esquizofrenia, trastorno antisocial de la personalidad, crisis comiciales en sujetos con epilepsia, celos patológicos, adicciones graves, problemas de pareja, problemas de relación con la familia, absentismo laboral, accidentes laborales, disminución de la productividad, limitación de aspiraciones profesionales, accidentes de tráfico, suicidio.
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“Llevaba desde mi infancia con problemas de ansiedad. Yo tenía mi vida muy marcada, muy estructurada y rutinaria.
Todo lo que fuera salirme de lo habitual conllevaba un problema para mí: alteración del sueño, estado de nerviosismo, pérdida del apetito, náuseas, vómitos, temblores, aceleración del pulso... mi principal fobia estaba cuando me encontraba en un lugar público y había comida de por medio: cualquier comida/cena/celebración con amigos u otra gente.
Daba igual que solo fuera una simple cena con 3 amigos que una fiesta con 50. Todo me preocupaba, me debilitaba y me alteraba fisiológicamente. Renuncié a muchísimas cosas para evitar que la ansiedad me saltara en medio de cenas, viajes, excursiones, reuniones, cursos de formación,... cualquier acontecimiento que pudiera provocar contacto con gente desconocida.
Cuando tenía 19 años me di cuenta de que yo no disfrutaba la vida de la misma manera que mis amigos y que renunciaba a estar con ellos muchas veces dependiendo de la actividad que fueran a hacer. Sentía que esa etapa en que lo único que te pide el cuerpo es vivir intensamente yo no la estaba viviendo, la tenía escondida y estaba empezando a sentirme muy inferior y muy infeliz. Así que por eso decidí ir a consulta a ver si me podían ayudar.”
- Eduardo B. (26 años).








