LA DIFICULTAD EN EL
DIGANOSTICO DEL TRASTORNO BIPOLAR.
"Hace
muchos de años que no estoy bien y siempre he ido de
psicólogos y psiquiatras, y
ya es el tercer diagnóstico que me ponen; saben realmente
los profesionales de
qué va el tema? ".
Esta es una pregunta
que suelen hacer muchas
de las personas que tienen un diagnóstico del trastorno
bipolar, y la respuesta
es muy clara: SI! Los profesionales sí saben lo que hacen.
Pasa, sin embargo,
que esta es una de las enfermedades psiquiátricas
más complejas que hay, y ello
conlleva toda una serie de dificultades. Según algunos
estudios americanos, la
media de tiempo que pasa para que una persona reciba definitivamente el
diagnóstico de trastorno bipolar está entre los 8
y los 10 años.
A día de hoy
no tenemos herramientas que nos
permitan, con un análisis de sangre o una prueba de
laboratorio, saber si una
persona sufre o no esta enfermedad. El diagnóstico que hay
que hacer es
clínico, es decir, se basa en síntomas y signos
(por ejemplo alucinaciones,
verborrea, tristeza, falta de necesidad de dormir, ansiedad, etc.).
Así pues,
tenemos que ver cuáles son los factores que hacen que el
diagnóstico cueste un
poco de acertar en según qué casos.
En primer
lugar, se ha visto que se da mayor
peso al diagnóstico transversal que el longitudinal, es
decir, que el
diagnóstico se suele hacer teniendo en cuenta la
sintomatología del momento en
que se demanda la ayuda, y no tanto en el conjunto global de la
historia de la
persona. Así, es lógico que si la persona
sólo manifiesta síntomas de depresión
en el momento de la consulta, el diagnóstico sea de episodio
depresivo, igual
que si alguien ingresa con síntomas psicóticos
recibirá el diagnóstico de, por
ejemplo, esquizofrenia. De esta manera, podemos ver que ciertos
síntomas del trastorno
bipolar también aparecen en otras enfermedades, como el
trastorno delirante, la
esquizofrenia, la depresión y el trastorno esquizoafectivo,
hecho que dificulta
y confunde en muchos casos el diagnóstico. Y por
qué cuando un manifiesta síntomas
maníacos no acude al psicólogo o al psiquiatra y
sí acude cuando en manifiesta
de depresivos? Porque cuando uno está depresivo lo pasa muy
mal (Y es lógico
que demande ayuda) y cuando está eufórico o
maníaco cree que los que están mal
son los demás. Por tanto, aquí aparece un Otro
factor que dificulta el
diagnóstico: la falta de conciencia de enfermedad. Este es
el problema que
suelen acusar a los familiares, para que no saben qué hacer.
Para combatir este
hecho hace falta que se pueda llegar a la información (a la
buena información),
tanto por parte del familiar como por parte del afectado. Asimismo,
cuando un
paciente acude a consulta o a un centro sanitario con
síntomas depresivos, es
conveniente que algún familiar complete la
información en caso de que haya
habido episodios de euforia, ya que en este momento el paciente no los
reconocerá. De esta manera, facilitando al profesional el
máximo de
información, conseguiremos un diagnóstico
más preciso y, en consecuencia, un tratamiento
también más preciso. Y buscando
información contrastada conseguiremos una mayor
conciencia de enfermedad, lo que nos permitirá tener
más conocimientos y una
rápida actuación en caso de nuevos
síntomas.
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“Llevaba desde mi infancia con problemas de ansiedad. Yo tenía mi vida muy marcada, muy estructurada y rutinaria.
Todo lo que fuera salirme de lo habitual conllevaba un problema para mí: alteración del sueño, estado de nerviosismo, pérdida del apetito, náuseas, vómitos, temblores, aceleración del pulso... mi principal fobia estaba cuando me encontraba en un lugar público y había comida de por medio: cualquier comida/cena/celebración con amigos u otra gente.
Daba igual que solo fuera una simple cena con 3 amigos que una fiesta con 50. Todo me preocupaba, me debilitaba y me alteraba fisiológicamente. Renuncié a muchísimas cosas para evitar que la ansiedad me saltara en medio de cenas, viajes, excursiones, reuniones, cursos de formación,... cualquier acontecimiento que pudiera provocar contacto con gente desconocida.
Cuando tenía 19 años me di cuenta de que yo no disfrutaba la vida de la misma manera que mis amigos y que renunciaba a estar con ellos muchas veces dependiendo de la actividad que fueran a hacer. Sentía que esa etapa en que lo único que te pide el cuerpo es vivir intensamente yo no la estaba viviendo, la tenía escondida y estaba empezando a sentirme muy inferior y muy infeliz. Así que por eso decidí ir a consulta a ver si me podían ayudar.”
- Eduardo B. (26 años).








