DESEO SEXUAL INHIBIDO
De
entre las disfunciones sexuales más comunes quizá
sea la falta de deseo sexual
o el deseo sexual hipoactivo o inhibido la que merezca una mayor
atención al
ser un trastorno que afecta a la primera de las fases de respuesta
sexual, siendo
estas el deseo, la excitación, el orgasmo y la
resolución, y por ser uno de los
problemas sexuales más frecuentes y uno de los principales
motivos de consulta
en las clínicas de psicología y
sexología.
Lo
primero que convendría aclarar es que no se trata de ninguna
tontería, capricho
o de una situación a la que haya que resignarse.
Del
mismo modo que en el resto de órdenes de la vida ha lugar
una revisión y
actualización de los modelos que seguimos (por ejemplo,
nuestro modo de
relacionarnos a nivel familiar, social o laboral va cambiando con el
tiempo),
nuestra faceta sexual también requiere de ser revisada y
actualizada a los
nuevos tiempos. Actitudes ante el sexo antiguas u obsoletas pueden
tener que
ver con patologías sexuales.
No
hay que confundir una falta de deseo sexual con una falta de
excitación sexual
(segunda fase de la respuesta sexual –y de la que podemos
hablar en otra
colaboración escrita-). Mientras que esta última
es una respuesta fisiológica,
el deseo tiene que ver con el impulso que predispone a tener un
encuentro
sexual. Si ese impulso no aparece, el recorrido sexual se ve detenido
abruptamente. Aunque en condiciones normales el deseo y la
excitación aparecen
conjuntamente, hay otras ocasiones en las que puede presentarse uno y
no el
otro o viceversa. La incapacidad para alcanzar el orgasmo (anorgasmia),
dolor
durante el coito o vaginismo (contracciones musculares involuntarias
que
imposibilitan la penetración) serían algunos
ejemplos, aunque no son objeto de
este artículo.
La
falta de deseo puede causar mucha infelicidad y frustración
si no se atiende
correctamente. Las causas pueden ser muy diversas: cansancio,
depresión,
stress, ansiedad, problemas de pareja, abuso de drogas o alcohol,
cambios en
los métodos anticonceptivos, medicamentos, el parto, etc.
El
problema se puede presentar en distintos grados. Desde quien
experimenta un
bajo deseo sexual que no le impide tener sus encuentros sexuales
satisfactorios
hasta quien experimenta un rechazo total ante tal posibilidad pasando
por
quienes acceden al encuentro sexual sin permitir la
penetración, por
ejemplo. Esta
situación sin mucha
dificultad suele desembocar en una confusión, propia o en la
pareja, que puede
enrarecer una atmósfera en la que debería de
primar la complicidad y la
desinhibición.
Se
sabe que esta disfunción afecta más a las mujeres
que a los hombres. De hecho,
se estima que solo un 25% de mujeres alcanza el orgasmo a
través de la
penetración y que alrededor de un 12% nunca ha experimentado
uno, lo que no
quiere decir que no disfruten con el sexo o no accedan a él.
Lo hacen, pero sin
alcanzar el orgasmo.
Las
buenas noticias son que el porcentaje de resolución de esta
disfunción sexual
alcanza el 95%.
Un
planteamiento correcto para su abordaje pasaría por
asegurarse que unos cuantos
aspectos están en su sitio. Estos son:
- El
autoconocimiento corporal a nivel cognitivo y emocional. Muchas mujeres
consideran la masturbación una práctica sucia o
inapropiada impidiendo con ello ese autoconocimiento. Incorporar la
masturbación es imprescindible para la resolución
de la disfunción.
- La actitud ante el
sexo ha de estar actualizada, es decir, ha de ser abierta, positiva y
saludable. La sexualidad y el placer hoy en día ya no tienen
que estar envueltas en antiguas creencias o antiguos modos de
concebirse.
- El contacto
corporal no debe de descuidarse nunca. Si en un estudio llevado a cabo
con neonatos prematuros se demostró que diez minutos de
caricias tres veces al día suponían a los
bebés un aumentó de peso superior en un 45%
frente a un grupo control que no recibió esta
estimulación táctil, podemos hacernos una idea de
la importancia que el sentido del tacto tiene en general y en nuestra
faceta sexual en particular.
- Cuidar la salud,
la dieta y una correcta política de ejercicio
físico reducen la posibilidad de padecer disfunciones
sexuales o ayuda a solucionarlas si éstas ya se han
presentado.
- Y, por
último, una llamada a la imaginación, la
pasión y la fantasía como ingrediente
mágico esencial para cultivar nuestra faceta sexual.
Modernizar el modelo que nos rige sexualmente pasa por incorporar al
juego erótico en solitario o en pareja lo que el momento
social presente nos pueda ofrecer. Desde cuidar los detalles
románticos a la hora de diseñar una escapada de
fin de semana o una cena en casa hasta ablandar la resistencia a la
hora de admitir a trámite juguetes sexuales o dejarse
estimular visualmente a través de DVD eróticos en
solitario o, mucho mejor, en pareja.
Psicólogo de www.psicologoadistancia.com
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“Llevaba desde mi infancia con problemas de ansiedad. Yo tenía mi vida muy marcada, muy estructurada y rutinaria.
Todo lo que fuera salirme de lo habitual conllevaba un problema para mí: alteración del sueño, estado de nerviosismo, pérdida del apetito, náuseas, vómitos, temblores, aceleración del pulso... mi principal fobia estaba cuando me encontraba en un lugar público y había comida de por medio: cualquier comida/cena/celebración con amigos u otra gente.
Daba igual que solo fuera una simple cena con 3 amigos que una fiesta con 50. Todo me preocupaba, me debilitaba y me alteraba fisiológicamente. Renuncié a muchísimas cosas para evitar que la ansiedad me saltara en medio de cenas, viajes, excursiones, reuniones, cursos de formación,... cualquier acontecimiento que pudiera provocar contacto con gente desconocida.
Cuando tenía 19 años me di cuenta de que yo no disfrutaba la vida de la misma manera que mis amigos y que renunciaba a estar con ellos muchas veces dependiendo de la actividad que fueran a hacer. Sentía que esa etapa en que lo único que te pide el cuerpo es vivir intensamente yo no la estaba viviendo, la tenía escondida y estaba empezando a sentirme muy inferior y muy infeliz. Así que por eso decidí ir a consulta a ver si me podían ayudar.”
- Eduardo B. (26 años).








