ANSIEDAD GENERALIZADA
Cuando la ansiedad toma posesión de ti llegas a desear despellejarte vivo para sacar aquello que llevas dentro y que tanto te molesta. Puede manifestarse de muchas maneras, pero fundamentalmente tiene dos caras: una física y otra cognitiva.
La cara física de la ansiedad en si ya es suficientemente inquietante y desagradable como para condicionar tu vida. Piensa que tener ansiedad física es como estar constantemente preparado para salir corriendo o tener siempre la sensación dentro de ti de que algo malo va a ocurrir. Es como si minuto a minuto pensaras que un león va a devorarte o que, en definitiva, tu vida o integridad física corre peligro.
Todo esta tranquilo, estas a salvo pero tu mente cree que no es así y dispone a tu cuerpo a ser congruente con ello. Si tu integridad física esta en peligro, no puedes estar relajado. Es necesario tener las pulsaciones por encima de cien, respirar entrecortado, tensar uno o varios grupos musculares y permanecer hipervigilante a tu entorno. Y todo ello, llevado a cabo sin levantar la mas mínima sospecha en tu entorno. Familiares, amigos, vecinos, viandantes y demás humanos con los que puedas interactuar no detectan ni uno solo de los aspectos que acabo de describir.
Por si ese estado de hipervigilancia e hiperpreocupacion constante (la parte física) fuera poco, puede aparecer (o no) una ansiedad cognitiva que te lleva a un estado de desasosiego interno que encaraman esta situación psicológica a lo mas alto de la lista de las situaciones incomodas o indeseables.
La ansiedad cognitiva, esto es, todo lo que se te pasa por la cabeza en forma de pensamiento cuando existe un proceso de ansiedad en marcha, lastra mas, si cabe, el fenómeno. Pasar por un anden o un puente, o asomarte a una ventana conlleva que se te pase por la cabeza lanzarte a ese vacio. Ver un cuchillo de cocina puede suponer que se te pase por la cabeza que sin desearlo puedas utilizarlo contra ti o contra otras personas, normalmente gente cercana y querida. Los cristales pueden despertar el pensamiento de autolesiones. Cortes en uno mismo y sangre ocupan horas y horas la cabeza durante el día.
Tenemos del orden de 60.000 pensamientos al día, la mayoría repetidos. Solo con que uno de ellos sea de estas características ya puede ocasionar cierto malestar; pero si de esos 60.000, 30.000 o más giran en torno a este tipo de imágenes mentales nos haremos una idea de que estamos hablando. El poder inquietante que estos pensamientos tienen solo lo conocen aquellas personas que han sufrido un episodio de ansiedad más o menos intenso.
El ansioso normalmente desconoce que este, simplemente es un fenómeno que se comporta así, que por mucho que piensen en coger un cuchillo y clavárselo en el pecho a su madre nunca pasa y que de ansiedad nadie se muere. Esta ignorancia al respecto, unido al hecho de sufrir en silencio la totalidad o una parte importante del fenómeno, convierte en un infierno interior la vida de cualquiera que pase por ahí. La posibilidad de sincerarte con la persona próxima y confesarle el tipo de pensamientos que se te pasan por la cabeza es inconcebible en los primeros estadios del episodio y, desde luego, solo (o sola), casi nunca se lleva a cabo.
Es cuando el episodio remite espontáneamente (cosa que suele suceder) o cuando es sometido (normalmente con ayuda de un psicólogo) cuando se puede llegar a plantear abiertamente a los familiares, amigos y personas cercanas este aspecto de la ansiedad. El por que se genera este bucle físico‐cognitivo en los episodios de ansiedad todavía se discute. Siendo prácticos, lo cierto es que no importa. Lo importante es tener claro que puedo hacer hoy para aplacar la situación. Quisiera también animarte a convertir en pilar esencial sobre el que descansa la superación de un episodio de ansiedad el hecho de hablarlo. Con un psicólogo es ideal, pero si no, hazlo con un sacerdote, con un amigo o con un cojin. Abordar verbalmente el tema es el banderazo de salida de tu recuperación. Se que inexplicablemente algunas personas tenemos una extraordinaria dificultad en tratar según que asuntos pero este aspecto no es negociable.
Hay que verbalizar la situación obligatoriamente.
Rafael Rodriguez
Director www.psicologoadistancia.com
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NUESTROS PACIENTES
Recientemente hemos pasado un cuestionario entre nuestros usuarios. Estas son algunas de las respuestas recabadas a algunas de las preguntas.
¿Qué le dirías a alguien que no ha ido nunca al psicólogo?
“Que no tenga prejuicios, que se abra a explorar las
diferentes alternativas que le proponga el terapeuta que trabaje duro las tenicas que le propongan, merece infinitamente la pena hacer el esfuerzo”- Mar Z. (35 años).
“A alguien que no ha ido nunca a un psicólogo le diría que yo siempre he sido una persona excéptica y reservada con mis cosas.
Pero que hay un momento en el que necesitas que alguien te explique como hacerlas.
Cuando aprendemos a leer tenemos un maestro, cuando nos duele la tripa vamos al médico, si tenemos que alicatar el baño de casa también acudimos a un profesional...bien, pues cuando nuestra cabeza no se aclara sola, es el momento de contactar con un psicólogo.
No porque esté en posesión de la verdad absoluta, sino porque todos somos demasiado parecidos: Nuestros problemas, nuestros comportamientos, nuestras desazones...no son únicas e irrepetibles, siempre hay alguien antes que las ha tenido, y habrá quien las tenga idénticas o similares después; por lo tanto una persona que ha estudiado estos comportamientos, con certeza sabrá más de como solucionarlos que una persona que no lo ha hecho.
Para los más reacios diría que es un tema de estadística...una persona que ha visto tres, quince o cincuenta casos como el tuyo sabe mejor que tú, que sólo conoces el tuyo, como evoluciona y como se soluciona.
Y si a esto le sumamos que el psicólogo tenga mano izquierda, y sepa escuchar y preguntar en el momento justo, se consigue una solución mucho más rápida de los problemas que nos preocupan o nos marean.
Hay que hacerse la vida sencilla, cada uno sabe de lo suyo.
Y si se tienen problemas hay que buscar quién nos ayude a solucionarlos para no estancarnos y que la cosa siga fluyendo. ;-)”- Eduardo B. (26 años).
“Que si observa que es infeliz o cree que tiene una tara que le impide desarrollar todo su potencial, que acuda sin dudar al psicólogo.
Es un especialista, como cualquier médico, traumatólogo o dentista, solo que su especialidad es la psicología. Con el tiempo estoy pensando que es peor el dolor mental que el físico.
Nuestra mente es muy poderosa y nos puede hacer mucho daño (esto no es culpa nuestra... simplemente, está enfocada así por causas justificadas, en la mayoría de los casos) y el psicólogo ayuda a cambiar esta mentalidad y a encontrar la armonía y la felicidad en uno mismo.
No hay por qué tener vergüenza, miedo o desconfianza del psicólogo. Todo lo contrario: el psicólogo es una fuente muy poderosa capaz de cambiar en un corto espacio de tiempo lo que uno mismo no consigue modificar en años.
Es una experiencia que el que la necesita no la olvida jamás, porque el antes y el después de la consulta a un psicólogo es algo que marca positivamente la vida.”
- Marian B. (36 años).
¿Cómo describirías tu experiencia en Psicocentro.net como paciente?
“La experiencia ha sido muy buena. Sencillamente porque me ha ayudado a solucionar mi problema. El trato ha sido muy cordial y amistoso. No me ha dado tanto la sensación de tener una relación "profesional" con el psicólogo, sino más de una relación de amistad con confianza que además te ayuda a resolver tus problemas.”
- Miguel Angel D. (33 años).
“Mi experiencia en Psicocentro.net ha resultado muy positiva, me hizo plantearme temas que no creia que fueran causa de mi infelicidad y abordarlos positivamente para ver las cosas mas claras y con perspectiva”
- Mar Z. (35 años).
“Tranquilizadora y muy positiva.
Rafa es un profesional que escucha además de oir, y que recuerda lo que ha escuchado.
El ambiente de la consulta es agradable y hace muy sencillo abrirse y "soltar" todo lo que va dando vueltas en la cabeza, lo cierto es que sorprende bastante la cantidad de cosas tan personales que acabas diciendo sin ninguna vergüenza. Él va cogiendo los trozos y los va organizando, de modo que cuando te los presenta hilados, el mapa es bastante más sencillo de lo que parecía en un primer momento.
Luego en ese mapa marcas los puntos que te interesa tocar, y se te dan las pautas y los tiempos para abordarlos, y en ocasiones una visión distinta para que sea más fácil conseguirlo.
Y es muy favorable que la consulta acaba cuando acaba, no cuando pasan "x" minutos. Cuando ese día se agota la utilidad de seguir hablando es cuando termina, eso ayuda a que la sensación no sea "ajáaaa, siguiente por favor", sino que se le conceden a los temas la importancia que merecen...o al menos la que a priori parecen merecer.
También me gusta que no se trata de que acudas cuantas más veces mejor, sino las que sean necesarias. En mi caso fueron dos o tres, y realmente salí de allí mucho más tranquila y segura, y con las pautas que obtuve posteriormente he conseguido seguirlo estando (casi siempre ;-)
Actualmente mi idea es, sabiendo como hacerlo, trabajar en mis cosas poquito a poco cuando sea necesario. Pero desde luego me guardo en la manga la posibilidad de acudir de nuevo si algo me supera o me confunde más de lo que me gustaría.
Está bien saber que hay un sitio donde puedes ir cuando tus papeles están volando a tu alrededor a que te ayuden a organizarlos.”- Marian B. (36 años).
“Llevaba desde mi infancia con problemas de ansiedad. Yo tenía mi vida muy marcada, muy estructurada y rutinaria.
Todo lo que fuera salirme de lo habitual conllevaba un problema para mí: alteración del sueño, estado de nerviosismo, pérdida del apetito, náuseas, vómitos, temblores, aceleración del pulso... mi principal fobia estaba cuando me encontraba en un lugar público y había comida de por medio: cualquier comida/cena/celebración con amigos u otra gente.
Daba igual que solo fuera una simple cena con 3 amigos que una fiesta con 50. Todo me preocupaba, me debilitaba y me alteraba fisiológicamente. Renuncié a muchísimas cosas para evitar que la ansiedad me saltara en medio de cenas, viajes, excursiones, reuniones, cursos de formación,... cualquier acontecimiento que pudiera provocar contacto con gente desconocida.
Cuando tenía 19 años me di cuenta de que yo no disfrutaba la vida de la misma manera que mis amigos y que renunciaba a estar con ellos muchas veces dependiendo de la actividad que fueran a hacer. Sentía que esa etapa en que lo único que te pide el cuerpo es vivir intensamente yo no la estaba viviendo, la tenía escondida y estaba empezando a sentirme muy inferior y muy infeliz. Así que por eso decidí ir a consulta a ver si me podían ayudar.”
- Eduardo B. (26 años).

